Thursday, July 7, 2016
Monday, July 4, 2016
Las limitaciones auto-impuestas
Así como ven este bote, ya viejo, ya muy destruido, así veo yo mi vida. Y no es porque me falte una
una pierna o un brazo. No. No se trata de eso. Pero debo aceptar que ahora mi caminar es más lento
y, con harta frecuencia me olvido dónde he dejado los lentes. También me cuesta más trabajo
escuchar y muchas veces me encuentro hablando un poco más alto. Sí. Es verdad. Con el paso de
los años, los sentidos van perdiendo su chispa. No podré saltar la cuerda ni andar en patines pero
puedo nadar, hacer gimnasia o salir a caminar. Si bien la vida no se acaba, la vejez nos enfrenta a
nuevos aprendizajes ¿puedo todavía pararme en una silla o debo pedir ayuda? y cada vez que me
subo a la silla recuerdo de Rosario Castellano (escritora mexicana) quien murió al caerse de una
escalera cuando quiso cambiar un foco en su departamento. En fin, estoy en esa etapa que, aunque
parezca difícil de creer, llega cargada con ciertos beneficios que son los que me sostienen en este
camino que se llama vida.
parezca difícil de creer, llega cargada con ciertos beneficios que son los que me sostienen en este
camino que se llama vida.
También es cierto que, aunque el cuerpo ya no responde como antes lo hacía, mi
cabeza no para. Y es por eso que he tomado la decisión de escribir este blog. Quiero
contarles mi historia: hechos, recuerdos, fantasías que pueblan mi mente. Quiero crear un
espacio en el cual, desde la escritura o la fotografía, pueda encontrar los porqué de mi vida. También
me doy cuenta de que pueda ser que esas interrogantes se vayan conmigo a la tumba.
¡Qué teatrera soy! ¡Qué susto!
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